Revisemos ese botiquín casero que contiene todas las medicinas que un día tomamos (o no) como Hume quería revisar las bibliotecas. Cojamos un frasco cualquiera y preguntemos: ¿contiene la curación de alguna enfermedad? No. ¿Contiene algún principio que contribuya sin dudas a mejorar nuestra salud? No. Tírese entonces a las llamas pues no puede contener más que publicidad y engaño. ¿A qué quedaría reducido nuestro botiquín? Y si aplicáramos este principio a las farmacias, ¿qué quedaría de ellas? Pues bien, ambas preguntas palidecen ante una pregunta mucho más importante:...